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Un gimnasio no se elige leyendo una tarifa. Se elige cuando alguien decide que le queda cerca y que va a encajar allí.
Busca el nombre de tu gimnasio en Google. Si no tienes web, la primera página no es tuya: son directorios de fitness que copiaron tu dirección, tu horario y tus tarifas de Google Maps y las publicaron con su propia publicidad encima.
Ese tráfico es gente que ya te está buscando por tu nombre. Es el visitante más valioso que vas a tener, y llega a una ficha que no controlas, con tus precios posiblemente desactualizados y con anuncios de otros gimnasios al lado.
Una web propia no es una tarjeta de visita. Es recuperar la primera posición de tu propio nombre.
La objeción que más socios te cuesta no es el precio, es la distancia. "Eso me pilla lejos" lo decide alguien que no ha mirado el mapa.
Por eso construimos una página independiente para cada población de tu zona, y cada una dice el tiempo en coche y los kilómetros reales desde ese municipio concreto. No es el mismo texto con el nombre cambiado: si desde un pueblo se tarda nueve minutos y desde otro dieciséis, la página lo dice, porque esa es la única información que la persona quiere.
Es la diferencia entre una página local y una página de relleno. Google distingue las dos, y penaliza la segunda.
Quien escribe "cómo empezar en el gimnasio desde cero" o "cuánta proteína tomar" todavía no está buscando gimnasio. Pero es exactamente la persona que dentro de dos semanas se apuntará a uno.
Una biblioteca de guías firmadas, fechadas y escritas por quien entrena de verdad hace dos cosas: te trae a esa persona meses antes que a tu competencia, y demuestra criterio. Nadie firma con su nombre lo que no sabe.
Todos los precios, sin letra pequeña: ver planes